Thursday, May 18, 2006

Invierno

Las hojas de los árboles caen como pequeñas gotas de plástico. Derretidas por el color de las llamas que las visten, crean sobre el suelo un sendero volcánico que nada tiene que ver con la erupción de la naturaleza. A medida que pasan los días, el año se va apagando y el invierno tiñe de gris los colores solares que el otoño nos regaló. Con tenebrosos brazos que descienden de sus guardias, nos señalan con largas uñas el camino hacia los cortos y oscuros días que caracterizan esta etapa del año. Los días como horas pasan y los pajes visten de envidia a estos caballeros de la oscuridad. Envidia que muestran a lo largos de sus extremidades por no poder tapar al mundo con un manto de negros días. Envidia que se hace eterna hasta que, una vez más, la combustión del otoño escribe sobre la ciudad un prólogo sobre su época preferida: El Invierno.

Que se termine la mentira de......la caballerosidad

Desde algún largo tiempo el hombre demuestra su caballerosidad a través de ciertos actos. En este caso el análisis pasará por el hecho de dejar pasar primero a la mujer cuando, por ejemplo, esta, debe entrar a algún lado.
No se quien habrá inventado semejante costumbre, pero el que la creó es un maestro. Es un Dandy calentón. Piensen algo, el hombre la deja pasar y la mujer cree que esta siendo caballero y luego al dejarla pasar, él, como si nada le pasara deja caer la mirada hacia la cola de la dama. Un desubicado, señores, pero a su vez, un “estratega”.
Tal vez algunos son caballeros, tal vez otros son calentones y otros tal vez aprovechan su derecho ganado de poder tirar la mirada hacia el sur.
¿Por qué un derecho ganado? Porque el hombre al dejar pasar a la mujer está perdiendo su derecho de pasar primero. ¿Acaso las mujeres hace décadas no pelean por la igualdad entre ambos sexos? Bueno, si es así como piensan, entonces, el hombre no resigna su derecho por caballerosidad, sino que lo pierde, por lo tanto gana otro; la mirada al sur.
Algunos todavía somos caballeros y no lo hacemos, solo resignamos nuestro derecho y miramos hacia la aurora boreal. Otros, son más que caballeros, son luchadores de derechos que desatan su furia instintiva sobre ellas y se dirigen hacia la zona austral. Seas cual fueres no te preocupes lo tienes ganado amigo. Pero, cuidado, no todos entenderán tu accionar.

Lluvia

Llueve como si el último día se acercara. La ciudad se convierte en un pantano gris. Las nubes parecen mimetizarse con ella. Todo es perfecto, todo hace juego, todo combina. Las veredas y las paredes de cemento parecen derretirse y la lluvia se hace cargo. Ella tatúa la ciudad con su mejor obra. La velocidad de la metrópoli se acelera. Los edificios siguen en guardia pero la gente camina como si a ellos nunca fuera a llegar. Después de todo es una lluvia ¿No?

El Crepúsculo

El crepúsculo se muestra sobre tu cara. Sus rayos como arrugas evidencian
un camino recorrido. Tantos pareces haber visto que la cuenta has perdido.
Sin embargo, tantos te quedan que no te alcanzará la vida para calcularlos.
Cada uno que se muestra sobre tu horizonte es un nuevo camino que debes
tomar. ¿Acaso tantas opciones tienes? Que fácil sería poder elegir. Pero tú
no lo eliges a él. El elije por ti. Y lo único que te queda es recorrerlo de
la mejor manera posible. Haya piedras o derrumbes en el camino, de alguna
manera debes aprender a sortearlos. Porque de eso se trata esta vida ¿no? De
caminar esta opción que cada crepúsculo te da de la mejor manera posible. No
fuerces tu caminar, simplemente camina, cree y llega. Porque si alguna vez
llegas a vislumbrar tu meta, quiere decir que muy cerca estás de conseguir
algo en lo que has creído y en lo que te has esforzado. Y cuando cruces esa
línea y el crepúsculo te de otra opción, más fuerte será tu caminar cuando
debas dar otro paso.