Invierno
Las hojas de los árboles caen como pequeñas gotas de plástico. Derretidas por el color de las llamas que las visten, crean sobre el suelo un sendero volcánico que nada tiene que ver con la erupción de la naturaleza. A medida que pasan los días, el año se va apagando y el invierno tiñe de gris los colores solares que el otoño nos regaló. Con tenebrosos brazos que descienden de sus guardias, nos señalan con largas uñas el camino hacia los cortos y oscuros días que caracterizan esta etapa del año. Los días como horas pasan y los pajes visten de envidia a estos caballeros de la oscuridad. Envidia que muestran a lo largos de sus extremidades por no poder tapar al mundo con un manto de negros días. Envidia que se hace eterna hasta que, una vez más, la combustión del otoño escribe sobre la ciudad un prólogo sobre su época preferida: El Invierno.

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